¿Qué te motiva a viajar? La aventura de la exploración.

Relatar las historias de los grandes viajes puede hacer que nos preguntemos: ¿Què es lo que lleva a la gente a explorar? ¿Qué motiva al ser humano a dirigirse hacia lo desconocido? Y, en definitiva, ¿qué consiguieron los que sobrevivieron a sus grandes aventuras y regresaron a casa sanos y salvos, que, por desgracia, no fueron todos?

Se debe poner énfasis en la exploración. Y nuestra definición de exploración siempre ha sido: -algo que cambia al mundo-. Así, los grandes viajes son los que tuvieron unas consecuencias significativas en la manera de ver el planeta. Nada sobrepasa la emoción de hallar caminos en los que ningún otro ser humano ha puesto un pie y, desde los tiempos de nuestros antepasados hasta que el primer hombre pisó la luna, sin duda éste ha sido uno de los motivos que nos ha impulsado a explorar. Actualmente, las salidas al espacio nos producen el mismo entusiasmo. Pero los emigrantes de las primeras eras de nuestro tiempo como hombres poblaron casi todas las regiones habitables de la Tierra con bastante anterioridad a los tiempos históricos. Por tanto, casi todos los grandes viajes tuvieron lugar en zonas ya habitadas por nuestros congéneres y, como consecuencia, pocas de las historias de pioneros que se muestran fueron realmente las primeras.

¿Qué impulsa a la mente emigrante? ¿Qué te motiva a viajar?

Imagina a un grupo, al principio de la historia de la humanidad que, relacionado por el parentesco, camine desde Etiopía hasta la punta sur de Sudamérica, obivamente a lo largo de muchas generaciones.  Esto en definitiva requiere más motivación que la simple búsqueda nómada de alimentos o del perfecto árbol frutal. Esto sugiere que los líderes del grupo tenían una mente con valentía, curiosidad y amor por la novedad, hecho que se refleja en esas almas pioneras que han emprendido los grandes viajes de la historia.

Actualmente,la ciencia médica nos enseña que lo que alimenta tal búsqueda de novedades son los mensajeros de la dopamina, el sistema cerebral de permiso. El impulso excepcional del explorador emigrante reside en un extremo del espectro de conducta genéticamente programada que llamamos temperamento. Éste es el que conforma si seremos tímidos o atrevidos, si tendremos amor o aversión al riesgo, si seremos un aventurero o una persona hogareña.

Las variaciones del temperamento vienen determinadas por diferencias sutiles en los genes llamadas alelos, que construyen las superautopistas y los sistemas receptores del premio dopamínico. Se ha descubierto que los temperamentos amantes del riesgo son portadores de una variante genética del receptor de dopamina, el alelo D4-7, que es diferente del más extendido entre la población general (El alelo D4-4)

Investigaciones recientes sugieren que al estructura de distribución del alelo D4-7 entre la población mundial refleja la estructura de las antiguas rutas migratorias de nuestra especie. Basándose en estimaciones de la distancia recorrida por cada subgrupo a partir del conocimiento del probable origen de su lengua materna, emerge un patrón coherente en el que los pueblos que se han quedado cerca de su hogar ancestral en el norte de África y en Asia Menor tienen un alto porcentaje del alelo común, D4-4. En cambio, en los pueblos cuyos antepasados cruzaron el puente de tierra del estrecho de Bering y descendieron hacia el hemisferio Sur de las Américas se mantiene la preponderancia del alelo D4-7, propio de exploradores y viajeros.

PETER WHYBROW

Hanbury-Tenison, Los setenta grandes viajes de la historia

trineo

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