¿Qué recuerdos nos quedan de los viajes?

Grecia

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Siguiendo con las enseñanzas de no dejarnos manipular por las imágenes que nos muestran los folletos de viaje, también podemos tratar en este apartado lo delicado de anticipar las visiones y experiencias, que después serán recuerdos de los viajes, con base en las lecturas que realizamos acerca de un lugar antes de emprender un viaje.

Tanto los folletos como los artículos de algún maravilloso destino, pueden crear en nuestra mente imágenes que serán los recuerdos de los viajes, pero que en ocasiones distan mucho de ser una realidad. Nada se parece a lo que nos habíamos imaginado, lo cual es sorprendente pues en realidad sólo habíamos imaginado dos o tres cosas que seguramente venían bellamente fotografiadas y descritas en los folletos.

Pero ¿qué es lo que pasa en nuestra mente? ¿Por qué con una imagen vista en un folleto comenzamos a anticipar todo nuestro viaje y olvidamos el resto de los acontecimientos? ¿Qué recuerdos nos quedan de los viajes? Generalmente tendemos a olvidar lo mucho que hay en el mundo además de aquello que anticipamos, y Alain de Botton en su libro El Arte de Viajar plantea si acaso las obras de arte deban cargar con parte de la culpa, pues en ellas encontramos el mismo proceso de simplificación o selección que opera en la imaginación. Este autor explica que las expresiones artísticas comportan drásticas reducciones de lo que la realidad nos impone; Un libro de viajes puede relatarnos, por ejemplo, que una persona “viajó por tren toda la tarde hasta llegar a la ciudad “X” que se encuentra en la colina y que, tras pasar la noche en su monasterio medieval, vio cómo amanecía con niebla”. Sin embargo, para el viajero común: “viajó sin más toda una tarde”.  Lo que escribe el libro está bellamente matizado, pero si nos ponemos en el lugar del viajero, lo que en realidad sucedió es que: “Nos sentamos en un tren. Sentimos la pesada digestión del almuerzo. El forro del asiento era gris. Miramos el campo por la ventanilla. Volvimos a mirar dentro. Nuestra conciencia era un hervidero de ansiedades. Advertimos una etiqueta de equipajes pegada a una maleta en una rejilla sobre los asientos de enfrente. Dimos golpecitos con un dedo en el marco de la ventanilla. La uña rota del dedo índice se enganchó en un hilo. Empezó a llover. Una gota descendió dibujando un turbio surco en el polvo del cristal. No encontrábamos el boleto cuando lo pidieron. Volvimos a mirar el campo. No cesó de llover. El tren tardó en ponerse en marcha. Cruzó un puente de hierro, para detenerse acto seguido de manera inexplicable. En la ventanilla se posó una mosca. Lo curioso es que puede que en todos estos detalles no haya transcurrido todavía más que el primer minuto de una crónica pormenorizada de acontecimientos que para un escritor, al no ser importantes, habría puesto en su libro o folleto la oración: «viajó toda la tarde».

Obviamente, el narrador que intente explicar en su obra semejante profusión de detalles no tardaría en enloquecer. Pero eso sí, la realidad de nuestro viaje, la propia vida, nuestra mente, cada momento se encarga de suscribir con frecuencia esta modalidad narrativa, arrastrándonos 3 repeticiones, énfasis engañosos e insignificantes tramas argumentales. Se obstina en mostrarnos el cierre de seguridad del coche, un perro callejero, una tarjeta navideña y una mosca que se posa primero en el borde y luego en pleno centro de un cenicero rebosante.

Se explica así el curioso fenómeno consistente en que los elementos valiosos puedan ser más fáciles de experimentar en el arte y en la anticipación que en la realidad. No dejes que tu viaje lo guíe un folleto o un impactante artículo bien redactado. Tanto la imaginación anticipadora como la artística, los folletos de viaje y las revistas de viaje omiten y comprimen, prescinden de los periodos de aburrimiento y dirigen nuestra atención hacia los momentos críticos y, sin incurrir por ello en mentiras o distorsiones embellecedoras, Alain de Boton indica que “nos otorgan a la vida una intensidad y una coherencia que puede estar ausente en la confusa vaguedad del presente.”

El presente puede compararse a un interminable largometraje del cual la memoria y la anticipación seleccionan fotogramas culminantes. De nueve horas y media de vuelo o de viaje terrestre, la memoria activa no retendrá más de seis o siete imágenes estáticas. Y a la larga sólo sobrevivirá una. De las vivencias en el aeropuerto, en las casetas de peaje o de la magnificencia del hotel sólo se mantendrá accesible una imagen. Y seguramente, toda la experiencia se podrán cristalizar en una narración compacta y bien definida, por ejemplo: fuimos de vacaciones en avión a Cancún.

Lorenia Tours tiene el firme compromiso de guiarte y asesorarte en la correcta selección de destinos, en la mejor opción de transporte y por supuesto en una adecuada explicación de las realidades del destino al que deseas visitar. Tenemos la ventaja de conocer los destinos que promocionamos y damos una explicación del por qué se puede incrementar o no una tarifa.

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